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  • Natalia Fernández

El Apego A Una Postura

Normalmente no nos damos cuenta, pero si practicamos yoga es muy común o normal que sintamos apego a una o varias posturas. Ya sea porque las disfrutamos y las podemos realizar con facilidad o porque batallamos con ellas al intentar realizarlas sin éxito.


Fotografiada por Adriana Alvarez



Las series de ashtanga fueron estudiadas y diseñadas para practicar siempre en el mismo orden. Una postura o un par de posturas previas a "esa" postura ayudan a preparar el cuerpo y mente para poder hacerla. En el método tradicional estilo Mysore, es normal que el maestro te detenga cuando no puedes realizar una postura para que inviertas tu energía, enfoque y fuerza en tratar de hacerla unas dos o tres veces hasta que la realices. Aquí es donde normalmente sale a relucir nuestro ego. No queremos que alguien nos diga que no podemos avanzar porque somos de naturaleza competitiva y lo que buscamos es finalizar o completar algo ya y en este instante. No nos damos cuenta que no estamos preparados y que quien podría verse afectado somos nosotros mismos. 


En mi primer viaje a Mysore India experimenté una gran batalla tanto física como mental con una postura en particular y de la cual me enganché por muchos años. En la primera práctica guiada de la temporada, Sharath me dijo: "you stop there" -te detienes ahí. A partir de ese momento me aferré mucho a la postura criticándome, en especial la forma de mi cuerpo, por no ser capaz de hacerla. La verdad es que si bien mis caderas no estaban lo suficientemente abiertas, lo que tenía más cerrado y poco flexible era mi mente. Recordando ahora aquella experiencia hace cuatro años me sentía frustrada, limitada y estancada. Me quedaba y aún me queda mucho trabajo por hacer y entender el aprendizaje que me da esa postura y ahora empiezo a entender que esta es una práctica para toda la vida.


Hoy en día trato (no siempre con éxito) de no apegarme a las posturas que más me cuestan en mi práctica, sino utilizarlas como herramientas. Herramientas que me ayudan a darme cuenta lo que debo ajustar, modificar, agregar, o eliminar de mi vida y patrones que tengo, que no logro ver fuera del mat. A la final esa es mi práctica, pararme en el tapete y conectar con mi respiración, tratar de enfocarme en el dristhi (punto de mirada) mientras hago las asanas lo mejor que puedo ese día. 


Para mi ha sido un camino de constante aprendizaje, siendo lo más importante en no clavarme en la perfección de la asana sino del trabajo interno que cada una de ellas y como al entregarnos a la práctica y dedicarle 5 o 6 veces a la semana, empezamos a ceder y nos empezamos a soltar y todo se va alineando y las piezas empiezan a encajar.


Ahora en mi segundo viaje, 4 años después, las batallas cambiaron y el ego se ha ido apagando pero cuando menos me doy cuenta sale a relucir y me observo tratando de buscar el nuevo aprendizaje de la situación en la que me encuentre ese día. Como cada día es diferente, cada práctica es totalmente diferente donde lo importante es disfrutar el camino y no enfocarnos en metas o logros momentáneos asociados a posturas.



Escrito por Natalia Fernández

Socia fundadora y maestra de SHALA Ashtanga Yoga


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